Rasgos "Negativos" como llave a lo positivo.

Prosperidad verdadera - Yehuda Berg

La historia empieza con un hombre cuyo amado hijo cae de repente enfermo. A medida que pasa el tiempo, el niño se enferma cada vez más, hasta que un día el médico comunica al padre que ya no queda esperanza y que no hay nada que pueda hacerse para salvar a su hijo.

Muy afligido, el hombre toma al niño y se marcha corriendo a ver al kabbalista de la comunidad para explicarle que él es la última esperanza del niño. El kabbalista se dirige a sus aposentos a meditar, se conecta a la Luz mediante la oración kabbalística y finalmente se le ocurre una idea. “Ve al pueblo”, le dice a su asistente, “y reúne a diez ladrones. Consigue a los diez hombres más malvados que puedas encontrar —hombres que estén bien entrenados en su perversa habilidad— y tráemelos.”

El leal asistente, confundido, se recorre el pueblo, reúne a las diez personas más malvadas que encuentra y las lleva ante el kabbalista para lleve a cabo la oración. Media hora después, alguien golpea a la puerta: es el hombre cuyo hijo estaba a punto de morir, pero ahora su rostro brilla de alegría. “Mi hijo respira de forma normal”, dice el hombre. “El color ha vuelto a su rostro, ¡creo que se pondrá bien!”.

Cuando el padre del niño se va, el asistente se acerca al kabbalista y le dice: “Podría haber escogido a cualquier persona para que meditara con usted, incluso podría haber reunido a las personas más iluminadas y justas para que rezaran por este niño. ¡Estoy seguro de que hubieran podido hacer más que estos villanos que me ha mandado buscar!”. El kabbalista mira a su asistente y le responde gentilmente: “Cuando vi que las Puertas del Cielo estaban cerradas para este niño, supe que no había nada que yo pudiera hacer. Pero luego tuve una idea, y entonces te pedí que buscaras a esta banda de ladrones para que me ayudaran. Me di cuenta de que los buenos ladrones lo saben todo acerca de abrirse paso y entrar. ¡Ellos forzaron  las cerraduras! Estos criminales lograron entrar por las Puertas del Cielo y ésta fue la única forma en que mis plegarias pudieron hacerse paso y llegar hasta el santuario de los cielos”.

Tal como quizá ya hayas adivinado, los ladrones en esta antigua leyenda representan nuestras características  “negativas” y “egocéntricas”. Cuando identificamos nuestras cualidades egocéntricas y deshonestas y las trabajamos para transformarlas, la llave gira y la puerta se abre. ¡Nuestros rasgos “negativos” pueden ser la llave cuando se utilizan a nuestro favor!

Ragos de la personalidad cuestionados:

Si bien, los adjetivos utilizados para denominar esas características que representan los ladrones de esta historia están entre comillas, implica que esos rasgos de nuestra personalidad no necesariamente deben ser como tal. El sentido literal de la palabra queda lejos y el intento de calificar algo como negativo o positivo permanece a las puestas de una demostración.

Hay quienes se permiten el lujo de cuestionar sobre si una parte de nosotros es buena o es perjudicial. Sin embargo, características personales como el ego, la ambición, la exigencia o la obsesión entre muchos otros rasgos, pueden ser perfectamente la clave a la solución de un problema determinado si se saben utilizar bien.

 

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